Medicina

Mi historia de amor con la Inmunología

[3 min de lectura estimados]

PRIMERA VUELTA MINIATURACorría la primavera del 2013 cuando el joven zagal que estaba hecho yo cursaba tercero de carrera. Madre mía. Jaja, te imaginas empezar una historia así? Suena a octogenario del siglo XIX.

Bueno, la verdad es que era el año 2013, tenía más granos de pseudoacné en la cara y menos vello facial. Justo había recién empezado el 2º semestre de 3º de Medicina y teníamos una asignatura llamada Inmune Response (algo así como respuesta inmunológica). El departamento encargado es el de Anatomía Patológica y los profesores, bueno, quitando a dos mujeres (a una la llamaremos Jedi por la rasta que lleva, que me recuerda a Obi Wan Kenobi) y a la profesora McGonagall, los otros dos profesores eran bueno, siguen siendo, horribles. Bueno chaval, será desde tu punto de vista, no? Creo que no. Si preguntas a cualquier persona de la comunidad extranjera en mi universidad (o alumnos internacionales, queda más sofisticado y no tan racista) todos, o prácticamente el 99,57% de las personas coincidirán conmigo.

Me hacía gracia imaginarme a la profe haciendo eso con la espada jeje.

En nuestra universidad hay un sistema de organizar las asignaturas que me parece muy lógico y muy buena idea. Esto es, cuando damos por ejemplo Sistema Circulatorio (en los años preclínicos) hacemos todas las asignaturas relacionadas con el mismo: Anatomía II del aparato circulatorio, Fisiología II, Anatomía Patológica, Fisiología Patológica, Farmacología… bueno, pilláis la idea.

En el examen de la susodicha asignatura (o muerte lenta por inmunología) teníamos unos 120 temas. De los cuales, nosotros teníamos que redactar las respuestas utilizando bibliografía recomendada o si tenías la suerte que tuvimos nosotros, podías utilizar apuntes de alumnos de otros años anteriores, que claro, tenías que comprobar que estuvieran bien y actualizados. Además de ser 5 preguntas a desarrollar (he aquí por lo que todo esto de hacer exámenes test de cara al MIR está tan inculcado en España y no en Lituania, porque el poder de influencia de MIRAsturias aún no se ha extendido por Europa del Norte, que si no…) teníamos que hacer un dibujo de cómo se vería un corte histológico de una enfermedad del temario.

Ah bueno, y por si esto no fuera poco, el profesor que te iba a corregir el examen (además de tener ciertos aires no muy foreigner-friendly, si sabes a lo que me refiero) estaba medio ciego. De verdad. Utilizaba una lupa enorme para ver que habías hecho bien el dibujo y ver mejor tu escritura.

Tuve que hacer el examen 4 veces (hay que reconocer que hasta la 4º no estudié en condiciones.) De hecho, justo por aquel entonces, mi universidad para disfrute de todos los estudiantes (no) decidió implantar un sistema en el que tenías que aprobar todas las asignaturas al final de cada año, si no, repetías curso. Aunque solo fuera con un crédito. Vamos, que me la jugué. Y mucho. Jaja, recuerdo (ahora con gracia, en aquel entonces me cagué en todo) que una vez el profesor me dijo que mi examen era papel del váter. Y después me lo tiró a la cara. Literal. No exagero. De verdad. Palabra de boy scout.

Total que tras estudiar mucho la asignatura, la saqué, con buena nota y desde entonces no he suspendido ningún examen de la carrera. En sí la especialidad me gusta. No me dedicaría a ello. Pero está guay. De hecho a veces leo inmunología antes de ir a dormir (no dijo nadie nunca).

Bueno, todo esto venía a que hoy (29/09/2016) está siendo un día intensito, en el que tenemos que ver toda la asignatura de Inmunología. Y me ha hecho recordar aquella vez que casi repito por los linfocitos.

Creo que necesito unas vacaciones. 🙂


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