Pequeños relatos

Sibila

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(No es la primera vez que Ricardo Neftalí nos deleita con sus escritos. Hoy, una vez más, aquí está para nuestro placer. Gracias Maestro)

Normalmente era por la tarde y Jean-Luc estaba sentado en el suelo del salón dando la espalda al gran ventanal del estudio. Podía pasar horas en la misma posición, viendo como Sibila acariciaba el chelo. Cuando tenía las piernas agarrotadas de permanecer en la misma posición, las estiraba y a continuación se ponía en pie mientras miraba por la ventana. El salón del estudio daba al Boulevard du Montparnasse. Ese día los coches zumbaban en ambas direcciones y al otro lado de la calle, la terraza de La Closerie Des Lilas estaba abarrotada de gente que disfrutaba de la recién llegada primavera.

Había tenido problemas en el trabajo por llegar tarde, pero Sibila ya no podía tocar sin que él estuviese en la misma habitación. Jean-Luc lo asumió con la naturalidad de alguien que se siente responsable de algo importante y abandonó su trabajo en el centro comercial. Sibila, conmovida por este gesto, se prestó a interpretar para Jean-Luc, los días que el deseara, cualquier obra que se le antojase.

Hacía más de un año que compartían cama. No se amaban, pero se querían y eran felices salvando el daño mutuo que las personas que se aman tienden a infringirse. Sibila le quería por un detalle particular: la visión de Jean-Luc sobre las realidades eran superficiales, esto le hacía errar casi siempre, pero le confería a sus enfoques, la potencia y la inmediatez de las primeras impresiones. Jean-Luc la quería de una forma más general.

 – Seguía mirando a través de la ventana, cuando se percató de algo.

 – Sibila, ¿quien eligió tu nombre? ¿Qué significa?

 – Mi padre – respondió cortante Sibila. No soportaba que la interrumpiesen mientras tocaba.

 – Disculpa la interrupción, se cuanto lo odias. Sin embargo, es una pregunta tan importante que de no haberla hecho en el momento, podría haberla olvidado para siempre.

 – Imbécil – dijo riendo, consciente de que ahora tendría que contarle todo. Mi padre confía en los nombres, para él es tan importante elegir el nombre idóneo, que de no hacerlo bien, se podría arruinar la vida de una persona incluso antes de empezar. Sibila fue reina de Jerusalén en el siglo XII durante las Cruzadas, defendió la ciudad frente al asedio de Saladino. Una mujer misteriosa y hermosa.

 – Es fantástico – expresó conmovido. Por favor, termina pronto, necesito salir y verte en la calle a mi lado, muy cerca. Agarrar tu mano de una forma extraña y diferente. Además es casi la hora.

 – En 15 minutos he terminado – sentenció mientras sonreía radiante.

En la calle, el aire caliente de la primavera despistaba a las legítimas rachas de aire frio de la estación anterior. Algunos lugares ya había proclamado la primavera, mientras otros permanecían fieles. En los puentes de Paris se libraban batallas entre los dos bandos. Sibila y Jean-Luc paseaban cogidos extrañamente de la mano. En ese momento comenzó a llover y las gotas eran cálidas y amables. Ambos tenía prejuicios contra los paraguas y justo cuando dejaban atrás el Boulevard du Montparnasse, Sibila se agarró del brazo de Jean-Luc.

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