Reflexión

DoMIRgo: Superando mi Acrofobia

[4 min de lectura estimados]

(Antes de que me linchéis, lo se, tengo que comprarme unos pies de gato)

 

La primera vez que supe que sufría (bueno, sufrir sufrir… puedo hacer vida normal y eso eh…) de Acrofobia fue cuando con aproximadamente 11 años subí a la torre de Pisa en Italia. Cuando llegamos a la parte de arriba de la torre me bloqueé. Sentía pánico por la posibilidad de caerme. Y así ha sido desde entonces con las alturas. Según la definición en Wikipedia … las principales teorías para explicar este fenómeno sugieren que al igual que todas las fobias, el miedo se convirtió en incontrolable después de un incidente traumático en la infancia temprana.”

Puede ser que tuviese alguna experiencia de pequeño, no lo recuerdo. Lo que si que recuerdo es que cada vez que subo a algún sitio alto o me asomo a algo con una altura considerable, las palmas de las manos me empiezan a sudar como si no hubiera un mañana y siento una ansiedad que muchas veces me bloquea.

No es algo de lo que me avergüence, en absoluto. Yo creo en que todo se puede mejorar y todos los temores y fobias se pueden superar. Así que, desde este año he empezado a subir a picos de montañas (máximo 1.333m creo) y ayer escalé en roca por primera vez. Bueno, hay que decir que no es la primera vez, o, mejor dicho, el primer paso que doy para superar esto. Yo soy un poco borrico. Hay que reconocerlo. Así que en el 2013 dije, qué carajo! Voy a saltar con un paracaídas! Terapia de choque! Olé!

De hecho ésta y muchas cosas más forman parte de la lista de cosas que quiero hacer #AntesDeMorir, que bueno, si te sientes curiosa/o puedes echarle un vistazo :). Curiosamente el hacer paracaidismo no me dio “tanta cosica”. 

En fin, ayer, con mis compañeros de piso (más majetes todos) nos fuimos por la mañana a la montaña. Desde la academia MIRAsturias nos dicen que hay que descansar bien los Domingos así que, cambié un Domingo de resaca y apalanque en casa por un Domingo SIN RESACA (realmente es una de mis cosas preferidas, levantarte sin dolor de cabeza y la boca más seca que la mojama o que un bocata de polvorones).

Total, que el hecho de que mi compañero de piso sea guía de montaña profesional y un loco de la montaña hace que sepa unos sitios guapos guapos aquí en Asturias. Ayer descubrimos Perueño. En el Refugio del Llano.

Hice la primera, la segunda y (primera parte) de la quinta (empezando por la izquierda, las rayas naranjas). Mi primera ascensión fue lenta (tampoco es que las otras fueran más rápidas) y me sudaban las manos un montón (he aquí donde entra en función el Magnesio, que por cierto, va de coña) pero al final conseguí llegar hasta la reunión y bajar colgando de la cuerda. El subidón de poder confrontar esos miedos, de saber sobreponerme y el poder disfrutar de unas vistas de infarto, hicieron del Domingo un día total de relax y de desconexión.

Y de todo se aprende. La filosofía de la escalada también la puedo aplicar en el MIR. Aunque parezca que te has estancado, que no vas a poder subir, párate, respira, mira hacia a tu alrededor. Cambia la posición de las manos, de los pies, piensa en nuevas maneras. Arriesga. Pero sobre todo, no te rindas. Cuando llegues a la cima, todo el esfuerzo habrá merecido la pena.


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