Medicina

Hoy hace un año o rookie del año.

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Son las 08:14 de la mañana. Tras revisar que el primer paciente citado lo tengo en 2 horas y que no tengo emails pendientes me siento en mi consulta, la número 2. Fue la que me tocó cuando vine y es la que más me gusta. Creo que de alguna manera la he conquistado, la he hecho mía. Bueno, tiene sentido, ya que me paso mínimo 7 horas cada día entre sus paredes.

Hoy, como desde hace unos días he bajado en bici al trabajo, era una mañana fría en Logroño donde el humo de los coches dejaba una estela de niebla detrás suyo y donde los primeros rayos de sol empezaban a calentar el día. Y yo iba pensando, a lo mío. Iba pensando que hace 1 año era mi primer día de trabajo en la Mutua, mi primer día de trabajo en España y mi primer día de trabajo como médico. Y estaba acojonado, literalmente.

Recuerdo que aunque fue una mañana relativamente fría llegué con mucho calor. Ya veis, estos pequeños fallos que tenemos los humanos en situaciones de estrés, yo en mi caso, sudo. A veces me titubea la voz, pero lo de transpirar, no falla.

Ya había conocido al equipo, más o menos, por encima. 2 fisios, 2 médicos, 2 enfermeras, 4 administrativas, 1 persona encargada de las relaciones con la empresa y 1 director. Pero no recordaba el nombre ni función de nadie. Era mi primer día.

Tras una ronda de dos besos y nombres que olvidé a los 10 segundos, pasé a pasar consulta con quien considero que ha sido mi mentor durante mis primeros meses de trabajo. Un médico con experiencia infinita, algo cascarrabias a veces, pero una paciencia y ganas de ayudar que no se acaban. Y empezamos a pasar consulta.

Cuando me sentí más o menos preparado me tocó enfrentarme a mi primer paciente. Aún recuerdo mi primera consulta, en la que en la toma de datos (o mejor dicho, lo que el paciente relata a mis compañeras de la entrada explicando con sus propias palabras lo que le ha sucedid) estaba escrito que se había retorcido el tobillo. Bien! – Pensé para mí mismo. Creo que puede ser un esguince. Me parece que esto lo sabré diagnosticar y tratar. Pero, espera un momento, ¿cómo era la regla mnemotécnica para acordarse del tratamiento? Era NICE? No, era… mhm…. RICE! Eso es, Rest (reposo), Ice (Hielo), Compression (Compresión) y Elevation (elevación).

Pasé al paciente, manos sudorosas a tope, axilas ni te cuento y voz que había decidido titubear esa mañana. Pero estaba con Telma (los nombres utilizados son en clave). Le dije, Telma, si ves que me trabo tú me echas un cable, por favor. Curiosamente, ayer, cuando llevaba 364 días en el trabajo le dije lo mismo. Es lo que tiene apoyarte completamente en las enfermeras que trabajan contigo. Telma y Mariana son muy diferentes, cada una tiene su manera propia de trabajar. Una es más explosiva, la otra más calmada. Pero las dos trabajan genial. De hecho, el otro día nos reíamos Mariana, Telma y yo recordando cómo durante mis primeros días yo simplemente me limitaba a seguir órdenes. Y, no se lo digáis, pero aún hoy en día ocurre así.

Total, volviendo a nuestro paciente, tenía el tobillo muy hinchado. Y, siguiendo los protocolos de la Mutua le hice una radiografía, donde no tenía nada roto. Telma le hizo el vendaje compresivo y le tramité los papeles oportunos. ¡Telma! ¿Qué tal me has visto? No ha estado mal, me dijo ella con una sonrisa en la que ocultaba (y esto me lo ha reconocido más adelante) una preocupación por, jo, que verde que está.

Y es verdad! Nunca había trabajado, pero creo que durante este año que he estado currando he mejorado mucho como facultativo y como persona. Soy más asertivo con los pacientes, diagnostico mejor, conozco mejor la fisiopatología de las diferentes lesiones que nos llegan y soy más efectivo.

No todo ha sido perfecto, claro está, pero como en cualquier situación de la vida, hay sus más y sus menos. He tenido compañeros con los que no he acabado de congeniar, pero bueno, de todo se aprende. Hay que saber trabajar con todo el mundo. Lo importante es que he estado sacando el trabajo hacia delante, tratando a los pacientes lo mejor que se, y ejerciendo de médico como me han entrenado.

Pero claro, yo he sido (ahora el penúltimo) el último en entrar, el equipo llevaba trabajando muchos más años antes de que yo llegara, por lo que ya existían roces en la casa…

(Me acaban de llamar al despacho del jefe, seguramente será para comentar algún caso de algún paciente…)

Pero no. Me han regalado esto. El otro día charlando con mi jefe se lo comentaba a modo broma, si no regalaban premios en la mutua o algo así. Pues resulta que me han regalado un premio al rookie del año. Para que me acuerde de ellos dicen. ¿Pero cómo les voy a olvidar si son el equipo de personas que han conseguido que mis primeras andanzas en el mundo de la medicina vayan como la seda?

Total, que entre pitos y flautas, son las 22:06 de la noche, estoy en mi habitación, perfumada a Earl Grey descafeinado (que, realmente creo que huele igual que el cafeinado, pero que nada de cafeína pasadas las 16:00 de la tarde que si no no duermo). Y releyendo el texto se me saltan las lagrimillas. Todas las personas me han aportado algo único, desde una visión diferente de la medicina, una visión diferente del liderazgo, aprender a hacer equipo multidisciplinar, a saber dar lo mejor de mí mismo cuando tenía que ver 25 pacientes y era el único médico asistencial, a pedir ayuda cuando la necesitaba y a prestarla cuando la necesitaban.

Veréis, desde Enero he decidido iniciar un pequeño proyecto en mi trabajo. Viendo que había una brecha entre equipo sanitario y equipo administrativo se me ocurrió que podría empezar las mañanas contándoles algún chiste o anécdota graciosa a mis compañeras administrativas.

He de decir que los primeros días no tenía demasiada buena recepción pero a la tercera semana eran ellas quienes me los pedían y hasta mi jefe me echaba la bronca cuando él no los oía. Qué puedo decir, me encanta hacer el payaso 🙂

Pero sobretodo lo que más me gusta es ir a trabajar a gusto. Creo que con humor y con un equipo feliz las cosas funcionan mucho mejor, y, no se lo digáis a nadie, pero me encanta ir a trabajar. No me quedaré mucho más tiempo en la Mutua (ya os hablaré de esto en el futuro) y aunque me da mucha pena, mi carrera profesional me lo pide. Mi cuerpo me lo pide. Mi cabeza también, y mi corazón lo tiene más o menos claro, aunque un trozo de él, la aurícula superior izquierda se quedará en la consulta número 2.


 

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