Pequeños relatos

Los ojos pálidos de Ainielle

[4 min de lectura estimados]

 

Era alta y delgada y tenía el pelo negro. Por aquel entonces, había decidido cortarlo y le caía sobre los hombros, no más abajo. Cuando era pequeña, su madre siempre se lo cortaba aun más corto y casi siempre parecía un niño, sobre todo de espaldas. Echaba de menos parecer un niño.

Tenía los ojos de un azul muy pálido, casi grises, que en otro tiempo le pertenecieron. El resto de las partes de su cara permanecían unidas pero los ojos eran independientes. En algunos momentos, sus ojos parecían lo único vivo sobre la tierra; se abrían y se fijaban en algún gesto o permanecían atentos a un pequeño detalle. En esos momentos algo entraba en ellos pero también algo se escapaba. Al instante volvían a tornarse opacos.

El bar estaba vacío y ella estaba muy atractiva.

También parecía triste.

Se habían visto más veces pero fue aquella tarde cuando se dio cuenta de que algo extraño sucedía en sus ojos. El camarero tomo nota con prisa y sirvió las bebidas de la misma forma. Ella pidió un Tom Collins y ginebra con hielo para él. Mientras bebían y hablaban, se le ocurrió una idea extraña; quizás si le besase en los párpados, sus ojos volverían al conjunto y todo se arreglaría. En seguida le pareció absurdo, podría hacerle daño o incluso asustarla. No quería que nada de eso ocurriese.

Mientras la ginebra se aguaba, el Tom Collins conservaba un aspecto magnífico. Animado por el alcohol pasó muchos minutos hablando. Intentaba no decir estupideces. Ella callaba, escuchaba y asentía. Observaba. Sus ojos se manifestaron vivos pocas veces y no parecía muy interesada en lo que contaba. Volvió a pensar en besarle los parpados pero lo rechazó por segunda vez. El tiempo en que intentaba salvar a la gente había quedado atrás y no tenía intención de infravalorar a nadie más.

Las bebidas estaban a punto de acabarse. Ahora hablaba ella, de una manera rápida y concisa, segura de sí misma. Sus ojos llenos de vida. Notaba el cuerpo entumecido cuando ella miraba de ese modo. Apuró lo que quedaba en el vaso y durante el resto de la tarde, no volvió a sentir la necesidad de arreglar nada. Todo era perfecto tal y como estaba sucediendo y también lo eran sus ojos.

Una mujer entraba en el bar con el paraguas cerrado, anunciando que había parado de llover. Pagaron y salieron. Las calles estaban mojadas y algunas gotas colgaban de las ramas de los árboles. En aquella ciudad los inviernos eran suaves y amables y decidieron dar un corto paseo. Mientras caminaban juntos, se dio cuenta que había olvidado preguntarle por la bonita cicatriz de su labio. Abrió la boca para preguntar, pero en ese momento Ainielle parecía estar muy lejos de allí y prefirió no interrumpir. Quizás lo hiciese en otra ocasión.

Las semanas pasaron ásperas e incómodas mientras pensaba en ella y en sus ojos y en su cicatriz. En algunos momentos no podía acordarse del tono o de su manera de hablar y eso le fastidiaba. El día a noche y a día con alguna tarde de por medio, el desfile de desconocidos, la rutina cansada e inexpresiva del autobús matinal y sobre todo las personas con ojos alegres sin una pizca de seductora tristeza, acabó por enrarecer su descubrimiento. ¿Y si aquello no había sucedido? ¿Y si esos ojos no existían? No tenía manera de estar seguro y sin embargo algunas tardes pasaba rápido ante sus ojos un destello azul pálido que entumecía su cuerpo y dejaba una sensación cálida y familiar.

Aquel primer invierno empezó a pasear por la ciudad cuando el mundo había decidido dormir. La ciudad vacía y silenciosa, libre de personas y coches y ruidos, facilitaba la búsqueda de esa soledad última y tranquila. Los arboles paseaban a su lado y en algunos momentos se abandonaba a ellos mientras se dejaba caer entre sus ramas hasta tocar el suelo. Una vez allí arrasaría con todo y volvería a construirlo. Afortunadamente la primavera estaba a la vuelta de la esquina.


 

Quieres molar más? ⤵
I agree to have my personal information transfered to MailChimp ( more information )
Únete a más de 2.500 suscriptores en la newsletter más molona y personalizada de todo el oeste! Medicina, MIR, Viajes, Fotografía... Y todo por el precio de 0€! Me lo quitan de las manos! 🙂
Odiamos el Spam más que una cerveza derramada en el suelo. Más que una tostada precipitada por el lado de la mermelada. No enviamos SPAM. Nunca.